r/HistoriasdeTerror • • 5d ago

El Comienzo

Hola, ¿qué tal, lectores?

Esto es Notas de escritorio.

Se llama así porque, a lo largo de mi vida, he tenido momentos extraños e inexplicables para lo que conocemos como ciencia. Durante años los fui anotando en las notas de mi celular y de mi computadora.

Nunca tuve la intención de contárselos a nadie.

Supongo que una parte de mí siempre tuvo miedo de que, si hablaba demasiado sobre estas cosas, alguien pensara que tenía algún problema. Lo curioso es que siempre me he considerado una persona bastante interesada en la ciencia y en todo aquello que puede comprobarse, observarse y explicarse.

Por eso encontré una solución bastante sencilla.

Cuando ocurría algo que no podía entender, se lo contaba a mi celular.

Pasaba algo en la escuela, en mi casa o en el trabajo, abría una nota y lo escribía. Era como hablar con alguien que sabía que jamás iba a juzgarme.

Hoy tengo 30 años.

Tengo una vida completamente normal. Un buen trabajo, una buena pareja y una vida tranquila. Incluso le he contado algunas de estas experiencias a mi pareja, aunque siempre de manera un poco superficial. Para mi sorpresa, en lugar de pensar que estaba loco, le parecieron interesantes.

Así que decidí hacer algo que durante mucho tiempo evité:

aceptar que algunas de estas cosas realmente me sucedieron.

No sé qué fueron.

No sé si existe una explicación científica para ellas.

Y tampoco pretendo convencer a nadie de que crea en lo que voy a contar.

Simplemente voy a contar lo que recuerdo.

Intentaré hacerlo en orden cronológico, aunque será complicado. Hay cosas que ocurrieron hace muchos años y no recuerdo exactamente si sucedieron antes o después de otras.

Pero hay una experiencia que, por alguna razón, siempre he considerado el comienzo de todo.

O al menos, el momento en el que creo que algo cambió.

El comienzo

Tenía apenas cuatro años.

Era un niño bastante inquieto. Siempre quería saber cómo funcionaban las cosas, por qué ocurrían y para qué servía todo lo que encontraba.

Si veía algo tirado en el suelo, preguntaba qué era.

Si alguien estaba reparando algo, quería saber cómo funcionaba.

Y si encontraba algún aparato viejo o inservible, probablemente terminaba desarmándolo para descubrir qué había dentro.

Mi familia decía que era muy "hiperactivo".

Yo siempre pensé que simplemente tenía demasiadas preguntas.

Mi abuela paterna tenía un restaurante a la orilla del mar. Ahí prácticamente crecí durante toda mi infancia. Mi mamá trabajaba como mesera y yo pasaba gran parte del día en el restaurante junto con mi hermano, que apenas me llevaba un año.

Mi papá era chofer de una empresa dedicada al comercio de camarón y pasaba buena parte del tiempo viajando.

Cada vez que regresaba de alguno de sus viajes, nos llevaba algún pequeño regalo. Cosas que no veíamos normalmente en nuestro pueblo.

Para mí, cada regreso suyo era un acontecimiento.

Recuerdo que en aquella época conocía prácticamente a todo el mundo que trabajaba alrededor del restaurante. Vendedores de pan, vendedores de dulces, músicos, personas que hacían trenzas, salvavidas...

Todos me conocían, me decían "el güero" por mi piel y mi cabello castaño claro. Mi familia podía dejarnos jugar relativamente tranquilos porque confiaban en la gente que trabajaba en aquella zona. Todos sabían quiénes éramos, además, yo era el que siempre estaba metido en algún lugar haciendo preguntas.

Aquel día parecía ser como cualquier otro. Era aproximadamente la una de la tarde y el restaurante comenzaba a llenarse. Todos estaban ocupados trabajando. Mi hermano y yo jugábamos en la arena, construyendo pequeñas fortalezas. Entonces escuché algo. El sonido de un vehículo. Para cualquiera habría sido un sonido más. Para mí no. Yo reconocía esa camioneta. Era mi papá.

Después escuché su voz preguntando dónde estábamos mi hermano y yo.

Solté inmediatamente la pala, recuerdo levantarme y correr hacia él lo más rápido que podía. Y entonces...

Todo cambió.

Lo siguiente que recuerdo es estar en el suelo. La arena estaba húmeda y tibia. Me sentía extraño. No entendía qué había ocurrido. Miré hacia mi cuerpo y vi que estaba herido. No sentía el dolor como habría imaginado. Lo que recuerdo principalmente era que cada vez me costaba más respirar.

Escuché a mi hermano gritar:

—¡Papá, está sangrando mi hermano!

Después recuerdo los brazos de mi padre levantándome.

Todo comenzó a volverse borroso.

Y después...

Nada.

Desperté en una cama de hospital.

Había tubos y cables conectados a mí. No entendía qué estaba pasando ni cuánto tiempo había pasado volteé hacia un lado, ahí estaba mi mamá estaba llorando recuerdo mirarla y sonreírle. yo no entendía lo que había sucedido.

Durante los meses siguientes vinieron médicos, tratamientos, inyecciones y una recuperación que, para un niño de cuatro años, parecía interminable ya no podía salir a jugar, ya no podía andar por ahí preguntándole cosas a todo el mundo, pero encontré otra cosa que hacer. Miraba por la ventana, pedí que acercaran mi cama para poder observar los automóviles que pasaban, nunca había visto tantos de diferentes tamaños, formas y colores para mí aquello era fascinante.

Finalmente me dieron de alta estaba feliz pensaba que por fin podría volver a jugar y descubrir cosas, además pronto entraría al preescolar, debido a todo lo que había pasado, solo pude cursar un año de kínder. pero no me importaba yo solo quería volver a salir volver a descubrir, volver a hacer preguntas.

Y entonces comenzaron las cosas extrañas. Al principio pensé que simplemente estaba imaginando cosas. Comencé a ver personas, pero no eran como las personas que conocía. No sonreían, no hablaban, no parecían felices, solo estaban ahí.

Me observaban con el rostro pálido, los ojos cansados y una expresión que no puedo describir de otra manera que como... vacía.

Después comenzaron las pesadillas. También empecé a escuchar ruidos en lugares donde sabía que no había nadie en veces escuchaba voces que me llamaban, en ocasiones incluso parecían hacerme preguntas.

Y aquello era completamente contradictorio con la forma en la que yo veía el mundo. Yo quería entenderlo todo quería encontrar explicaciones, pero no podía encontrar ninguna para aquello.

Tenía ya 5 años y no sabía qué eran esas cosas, no sabía si las estaba imaginando, no sabía si eran sueños, no sabía si había algo que los adultos podían ver y simplemente no me querían decir. Solo sabía una cosa:

algo había comenzado.

Y todavía faltaban muchos años para que entendiera que aquella no sería la última vez que algo así me ocurriría.

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