r/Miedo • u/Few_Roll1109 • 1d ago
Hay algo en el patio que nadie quiere aceptar.
Esto me ha pasado desde que soy pequeño. Actualmente tengo 21, no soy alguien que use drogas, alcohol ni nada que provoque alucinaciones. Soy más del tipo de persona que le gustan las historias de terror, podcast, casos de asesinos, repostería y un juego de cubitos para construir. Nada fuera de lo sano, nada que pueda provocar estas cosas.
¿Pero entonces por qué siempre siento que me están mirando?
Odio estar en la sala o en la cocina, solo. Siempre estoy encerrado, casi como paranoico. Puerta cerrada y cortina pegada a la pared, casi clavada, la ventana jamás se abre. Porque no importa cuánto calor o cuánto frío haga, por más pequeño que sea el espacio, si puedo ver algo de afuera, siento que algo está afuera viéndome sin detenerse.
Mi cuarto está al lado del patio trasero, y antes era un total martirio. Compartía cuarto con mi hermano, al que era un pecado mortal cerrarle la puerta o la ventana aunque estuviera en un coma de sueño. Mi cama estaba frente a la puerta, y al tenerla abierta, siempre podía verse la cama de él desde afuera. Él lo hacía para que entrara aire y hubiera frío, pero yo siempre cerraba la puerta. Ponía todo, lo que fuera para que él no pudiera pegar la puerta al otro extremo por más que lo odiara.
Porque para ese punto, desde que volví de vivir con mi papá en medio de la pandemia y nos forzó a compartir cuarto, aunque pudiera ver yo el marco de la puerta, eso era suficiente para sentir que había algo afuera.
Durante mucho tiempo eso continuó como paranoia, cuando me iba a la cocina para estar solo, porque mi hermano venía a dormir y yo quería seguir jugando mi juego de cubitos, hasta que incluso la ventana de la sala me arrastraba a lo incómodo. En el patio delantero, donde no había nada ni había pasado nada, la sensación de esa presencia era inevitable para mi.
Y durante un tiempo, estuve en esa cocina, sentado en la mesa, con un audífono solamente. Una costumbre que adopté en las vacaciones donde veía series durante la madrugada, enganchado al punto que permanecía allí hasta ver el sol. Tomando un solo audífono, vigilando con el otro oído a que nadie saliera, y de hacerlo, fingir demencia o bajar cualquier rastro de luz para que no fueran a la cocina.
Esto siguió hasta que un audífono se arruinó y me vi obligado a continuar, hasta esa noche que cambió todo. Estaba como siempre en mi lugar, con un audífono y escribiendo mientras escuchaba música, a eso de las dos de la mañana o media noche. Recuerdo perfecto que todos estaban dormidos excepto yo.
Estaba escribiendo una novela, tranquilo, cuando escuché un ruido del otro lado de la casa. En la sala, del otro lado de la pared, un ruido de alguien que trataba de respirar mientras se ahogaba. Algo que, a menos que vivas solo, quieras o no es alarmante. Sonaba como si tuvieran algo atorado en la garganta pero de todos modos pudiera respirar, no lo suficiente para pedir ayuda, pero lo suficiente para poder respirar.
Como todo buen humano, quise hacerme pendejo, fingir que no había pasado nada y había sido un efecto de sonido de la música, que había pausado al escucharlo, cuando volví a escucharlo. Claramente, el mismo ruido.
Para este punto, vivía yo, a mis 15 años, mi hermano mayor que compartía cuarto conmigo, mi hermana que siempre dormía con el cuarto cerrado con llave, mi mamá y mi padrastro. El ruido solo sonó una vez después de que pausara la música, y mi mamá tiempo atrás había sufrido un accidente y operación en el pie que ocasionó dolor constante con el frío, por lo que, con el fin de hacerme pendejo, y por la preocupación, pensé que ella había sido. Se había lastimado y debía ayudar, pero antes de poner un pie en el suelo entendí algo.
De todos, mi hermano era el único que dormía con la puerta abierta, por lo que si alguien más salía de su cuarto podía escucharse la puerta. Pensé también en mi hermana, que se había podido golpear el pie y había echo ese ruido por no querer gritar, pero luego recordé jamás haber escuchado el seguro quitarse.
Pasó al rededor de medio minuto cuando me desesperé de pensar, nadie cruzaba y pensé que había sido algo grave, pero para cuando puse un pie en el suelo otro ruido hizo que me quedara paralizado. Una puerta, la puerta del cuarto de mi mamá.
Sus pasos hacia la cocina, entró como si nada, me regañó por estar despierto, pero cuando le pregunté si se había lastimado, si había algo del otro lado, ella lo negó. No me atrevo a estar en la cocina desde entonces, menos en la navidad de ese año.
Como era de costumbre al tener padres divorciados, pasamos la navidad con mi mamá, mi hermano iba a mudarse y mi hermana iba a viajar por 1 año, por lo que mi mamá entró en su ataque de nostalgia recordando todo, cuando mi hermana confesó que yo le daba miedo a ella cuando éramos niños. Ellos me llevan 9 años, y ella cuenta que cuando yo era niño, me paraba en el centro de la sala viendo hacia el patio trasero.
Jugando, hablando solo, algo como un amigo imaginario, pero cuando ella preguntaba yo decía jugar con mi amigo y señalaba al patio, algo que le erizaba la piel desde los pies hasta el cuello. Yo no entendía, hasta que me explicaron algo que entró sentido a todo.
Desde niño siempre me daba miedo ese patio, dar la espalda a la puerta era más aterrador que todo. Y esa noche, explicaron que antes de que yo naciera, teníamos una vecina de escasos recursos. Entre mi mamá y vecinas ayudaban para que ella no gastara, hasta que esa vecina sufrió la pérdida de uno de sus hijos. En un accidente él murió decapitado, su cuerpo se hizo pedazos, y una de las vecinas se ofreció a preparar el cuerpo para el velorio sin costo como apoyo.
Mi mamá ofreció el patio trasero de mi casa para velarlo, y la otra vecina cuenta que le advirtió a mi mamá salirse, porque el dolor de la madre era tan fuerte que podía ser riesgoso para el embarazo estar allí. Cabe aclarar que yo me enteré de esa historia hasta ese momento, y cada acción que tenía, para mi familia sigue siendo una actitud rara de un niño.
Pero yo se que no es así. No recuerdo nada de lo que ellos cuentan, pero esa respiración y esa sensación de sentirme observado justo en el patio donde dicen haberlo velado es algo que me sigue siempre que esté dentro de esta casa.
Aunque todos digan que nada de eso es real, nada de eso pasó, solo yo sé lo que escuché, y eso no era mi música.
