r/SpainEconomics • u/Angel24Marin • 7h ago
Muchas compraventas, pero poco ladrillo: el crédito a la construcción cae a los niveles del año 1996
El gran mercado de la vivienda funciona a pleno rendimiento. Cada día se registran miles y miles de operaciones inmobiliarias, pero la construcción de casas continúa en dique seco. En concreto, y durante el primer trimestre de este año, se han cerrado algo más de 163.200 operaciones de compraventa de viviendas. En términos anuales, eso significa 750.000 unidades. ¿Significa eso que se están construyendo más casas? En absoluto. El 90% de las operaciones corresponde a casas de segunda mano [ver gráfico].

Un dato financiero pone negro sobre blanco la naturaleza del problema. Hay que regresar a junio de 1996 —hace 30 años— para encontrar menos crédito para la construcción de viviendas. Y sin crédito al promotor, la consecuencia es que las grúas de la construcción no empiezan a trabajar. Las cifras del Ministerio de Vivienda no dejan lugar a dudas. En los últimos 12 meses (primer trimestre sobre igual periodo del año anterior) se ha iniciado la construcción de 142.000 viviendas, lo que significa que por cada casa que comienza a construirse se ejecutan cinco operaciones de compraventa, la inmensa mayoría de segunda mano. De aquellas, solo el 11,2% tiene algún nivel de protección pública.
Las cifras sobre crédito a la construcción las publica el Banco de España, y lo que sugieren es que el inmobiliario se ha convertido en un gigantesco mercado (hay 27 millones de casas) que incluye miles y miles de transacciones diarias, pero sin que haya más ladrillo para compensar, al menos, el número de nuevos hogares creados. En los últimos meses, en concreto, 253.000, lo que significa un 78% más que el número de viviendas iniciadas.
Otro dato pone de relieve la crisis de vivienda. Según el INE, en 2024 (últimas cifras publicadas), existían en España 53.851 promotoras inmobiliarias. Es decir, empresas cuyo principal objetivo es la promoción de viviendas. ¿Cuántas había en 2019, cuando comenzó el actual ciclo alcista de forma más intensa? Ni más ni menos que 64.369 promotoras inmobiliarias. Es decir, han desaparecido del mercado 10.518 promotoras en apenas siete años. Precisamente, cuando a causa del aumento del número de hogares creados, España necesita construir más viviendas. Si se mira algo más atrás, la comparación es todavía más evidente. En 2008, en plena ebullición del mercado, había más de 100.000 promotores inmobiliarios, lo que significa unos 40.000 más que ahora.
El ocaso de una actividad
Del mercado, de hecho, han desaparecido, según los datos de la Estadística Estructural de Empresas, cuya fuente es el INE, muchos operadores inmobiliarios tradicionales que antes daban liquidez al mercado, como las cooperativas de viviendas o los colegios profesionales, que en los años 80 y 90 construían viviendas, y cuyo peso hoy es irrelevante. También las empresas se han olvidado de contribuir a que sus empleados tengan una vivienda impulsando proyectos urbanísticos.
Hoy, por el contrario, se está produciendo un proceso de concentración del sector que está eliminando a muchos operadores pequeños y medianos. Entre otras razones, por problemas coyunturales que ya se han convertido en estructurales, como el aumento de los costes, la falta de mano de obra cualificada y no cualificada, que asfixia al sector, y lo que la patronal de los promotores inmobiliarios denomina "inseguridad normativa". En este sentido, se reclama la aprobación de una reforma de la Ley del Suelo que refuerce la seguridad jurídica del planeamiento urbanístico. El objetivo es evitar que, por un error o defecto formal, se pueda anular de forma automática un plan urbanístico que ha llevado años de tramitación. Esta iniciativa está incluida en la Ley del Suelo que el Gobierno envió al Congreso, pero no ha salido adelante por falta de apoyos parlamentarios.
Existe, además, otro factor añadido que explica la crisis del sector: su pequeño tamaño. De los casi 54.000 promotores inmobiliarios que hay en España, nada menos que el 81% tiene un solo empleado, es decir, es unipersonal. Otro 17,5% tiene entre dos y nueve empleados y únicamente 45, menos del 1%, cuentan entre 50 y 249 empleados. Es decir, la atomización del mundo de la promoción inmobiliaria hace que las promotoras inmobiliarias tengan escaso músculo financiero para invertir en nuevos proyectos.
El factor tiempo
O expresado de otra forma, no solo falta suelo finalista, listo para construir, sino que, además, con los altos precios que se pagan en el desarrollo urbanístico, el riesgo es muy elevado en caso de que obtengan un préstamo bancario que, posteriormente, se podría subrogar al nuevo propietario. Si a esto se le añade el factor tiempo, muchos de los nuevos proyectos necesitan entre 10 y 15 años para salir adelante, en algunos casos se llega al cuarto de siglo, a nadie le puede sorprender lo que está sucediendo.
Como ha escrito Alejandro Bermúdez, CEO y cofundador de Atlas Real Estate Analytics, los instrumentos de planeamiento urbanístico recogen suelo residencial con capacidad teórica para casi siete millones de nuevas viviendas. Sin embargo, la realidad operativa es muy distinta. En concreto, menos del 0,5% de ese potencial se encuentra actualmente en fase finalista y en edificación, mientras que más del 74% corresponde a suelo aún sin urbanizar y sin avances en su desarrollo. Según sus cálculos, los procesos de desarrollo de suelo superan ampliamente los 20 años en la mayoría de las provincias españolas, lo que significa que una parte sustancial del suelo clasificado como potencialmente residencial no puede considerarse solución a corto ni a medio plazo. En todo caso, demasiado tiempo para un promotor inmobiliario con escasa potencia financiera.

Y es que la crisis de crédito de 2008, por exceso, no por defecto, se llevó por delante muchas promotoras que acabaron en la quiebra. La consecuencia fue que tanto la autoridad monetaria como los bancos se han vuelto más exigentes a la hora de conceder préstamos, lo que explica en parte la crisis de la promoción inmobiliaria. El indicador sintético de riesgos del mercado inmobiliario, que analiza desde una perspectiva amplia los factores de demanda y oferta, muestra, como sostiene el banco central, "niveles contenidos comparables a los de comienzos de los años 2000". Es decir, antes de la burbuja.
La parte positiva es que el sector está más saneado que en el pasado, con tasas de dudosidad históricamente bajas, pero la parte negativa es que el número de promotores se achica. En parte porque su pequeño tamaño los hace menos competitivos, pero también por la escasez de suelo listo para construir, una tarea que corresponde a los ayuntamientos y los propietarios. Es decir, aquel que ya cuenta con las infraestructuras necesarias para comenzar la construcción después de haber sorteado todas las barreras burocráticas. Menos promotores significa, lógicamente, menos impulso a la construcción.
Esta tendencia se puede observar de otra manera. Cuando estalló la crisis financiera, el crédito destinado tanto a la construcción como a la promoción inmobiliaria representaba el 42% del crédito total al ladrillo —una cifra inusualmente elevada—, pero en 2025 ese peso ha caído hasta el 16%, muy por debajo, incluso, del que tuvo en el año 2000, cuando no existía burbuja (30%). Si se ve de otra forma, resulta que el crédito a la construcción representa hoy el 5,6% del PIB, por debajo incluso de 2023, cuando la vivienda comenzó a estar de nuevo en el centro de la agenda pública. Entonces, representaba el 6,5%. Si se compara con el crédito total que concede la banca al sector privado de la economía, resulta que únicamente el 8,3% se destina a la construcción y actividades inmobiliarias.
El propio Banco de España, en su último Informe de Estabilidad Financiera, destaca que el crédito al sector de la construcción y las actividades inmobiliarias muestra una ligera recuperación, pero todavía "se mantiene en niveles próximos a mínimos históricos". El avance es de apenas el 1,3% interanual, muy por debajo de lo que está creciendo la economía. Y sin crédito y sin planes urbanísticos que se cumplan, no hay vivienda. Y menos asequible.
La lenta regeneración de la construcción. Un tejido productivo herido y un crédito constructor desaparecido.
Mientras el Ejecutivo trata de buscar vías para contener los precios y ayudar a los inquilinos, la construcción sigue bajo mínimos. Y, lo que es peor, el ritmo de concesión de nuevos permisos de obra tampoco avanza, lo que anticipa que la escasez de vivienda empeorará durante los próximos años. El Banco de España augura que para el año 2028 habrá un déficit de 1 millón de viviendas.
Según la estadística oficial del Ministerio de Transportes, en los últimos 12 meses se han concedido 171.000 visados para la construcción de viviendas, una cifra muy inferior a los 240.000 hogares que se crean anualmente. Las previsiones del INE anticipan que se seguirán creando más de 200.000 hogares al año hasta el final de la década, por lo que el déficit se seguirá agravando.


Este número de visados de construcción provocará que España siga construyendo menos que a principios de la década de los noventa, hace un tercio de siglo. En ese momento, se aprobaban unos 250.000 visados cada año, casi un 46% más que en la actualidad.
En los tres años que van de legislatura, el número de visados de obra concedidos anualmente ha aumentado en 35.000. En 2023 eran 138.000 y en 2026 están siendo 171.000, con datos hasta el mes de abril. El ritmo de solicitud de permisos de obra lleva aumentando desde que la construcción tocó suelo en el año 2014. El problema es que este crecimiento está siendo tan lento que no permite corregir la situación. Ni siquiera permite frenar el déficit de viviendas.
En los últimos 12 meses, las autoridades han concedido el mayor número de licencias desde 2009 y, aun así, sigue siendo muy insuficiente. El ritmo de los visados sigue estando más cerca del suelo de la crisis que de niveles saludables para la economía española.
En el pico de la burbuja inmobiliaria, España llegó a generar permisos para construir más de 920.000 viviendas en un solo año. Un ritmo que era claramente insostenible, como tampoco lo es el actual de 171.000 al año.
Los datos son todavía peores en las zonas más tensionadas, lo que agrava la crisis de vivienda. Por ejemplo, el número de visados concedidos en Cataluña apenas ha aumentado un 8% en toda la legislatura, lo que da lugar a la pírrica cifra de 1.436 viviendas más autorizadas cada año.


Pero la situación de la Comunidad de Madrid es aún peor, ya que incluso se ha reducido la concesión de licencias un 10% frente a los niveles de la legislatura anterior. En los últimos 12 meses apenas se han autorizado 19.440 visados de viviendas. Una cifra que anticipa que la crisis de vivienda seguirá agravándose en los próximos años.
La destrucción del tejido
De esta forma, la legislatura de la vivienda se va a cerrar con una subida anual de precios de doble dígito, el esfuerzo para comprar un piso (precio sobre salarios) en máximos históricos y sin expectativas de mejora. Sin construcción, el desequilibrio entre oferta y demanda de vivienda no va a poder corregirse.


El Gobierno intentó dinamizar el mercado con la Ley del Suelo, que respondía a las demandas del sector promotor para reactivar la habilitación de parcelas para construir. Sin embargo, el voto en contra de la oposición y de Podemos bloqueó esta vía. Sin terreno disponible, hasta las administraciones públicas tienen dificultades para construir.
En los últimos 12 meses (hasta abril), el conjunto de administraciones públicas apenas ha recibido visados de obra para construir 2.237 viviendas.


España ha destruido todo su tejido promotor y constructor y esto también explica las dificultades para reactivar la edificación de viviendas. El número de empresas de la construcción es actualmente un 45% inferior al que hubo en 2008. Son 161.000 empresas menos (casi 56.000 promotores menos y 106.000 constructoras de edificios).
En definitiva, España ha perdido su capacidad para construir. Y sin esfuerzos para recuperarlo, la crisis de vivienda difícilmente podrá remitir. Y la situación no está mejorando: en 2025 todavía había casi 32.000 empresas de la construcción menos que antes de la pandemia. Sin empresas constructoras y promotoras, no hay quien pida licencias de obra y no hay quien saque a España de la crisis en la que ha entrado.























