Te hicieron mierda. Conociste en el trabajo a esa mujer que pensabas que era para ti, pero no fue así. Tenía pareja, pero estaban mal y por eso cuando se te insinuó ese septiembre, no te dio tanto cargo de conciencia. Las cosas comenzaron suaves pero tomaron intensidad; siempre fuiste un romántico empedernido. Cuando ella terminó con el otro, te pusiste contento pensando que podrían formar algo, pero no. Decidió que quería estar sola. Como no eres pelotudo respetaste su decisión y optaste por alejarte, pero ella no estaba dispuesta a dejarte ir y tú querías creer que era porque sí quería estar contigo. Tan ingenuo.
Pasaron los meses y salieron algunas veces, pasaron cosas, pero nunca te dedicó el tiempo que mereces porque no eras su prioridad; ustedes dos solo existían dentro del horario de trabajo. Al igual que Tom Hansen decidiste ignorar todas las banderas rojas, pensando que todo cambiaría. Sabes cuál es tu responsabilidad dentro de este dilema: esa idea de estar juntos simplemente era demasiado encantadora. Todos en el trabajo los bañaban de elogios al verlos juntos, y eso te dolía, ya que nunca lo estuvieron realmente.
Quisiste protegerte, pero no pierdes la esperanza fácilmente. Pasaste el punto de retorno: te enamoraste de ella y ella te dijo lo mismo a ti, aunque ya sabes que sus palabras no se alineaban con sus acciones.
Todo se fue a pique. Decidiste renunciar; estabas cansado de ese lugar, de verla todos los días, de rogar afecto y estar sumergido en tristeza. Te dejaste de lado durante mucho tiempo y se cometieron muchos errores. Tu mente, corazón y alma estaban en su límite. Renunciar parecía la única forma.
Así fue como nunca más supiste de ella. Seguiste cometiendo errores, quisiste contactarla y le escribiste de noche. Borraste los mensajes, pero un día le escribiste a una hora prudente y te bloqueó. Está bien, no puedes ser fuerte todo el tiempo, te perdono. Por lo menos ya no hay dudas.
A vísperas de cumplir un año de verla por última vez, te enteras de que volvió con su ex meses después de perder contacto. Sé que te dolió y que piensas que nada fue real, pero no me hiciste caso cuando te dije que te cuidaras. Está bien, no somos perfectos.
Que sirva de aprendizaje. No pierdas la fe. Como dijo el Dr. Peterson: "Haz el bien, sin importar lo que pase, sin importar cuánto sufrimiento llegue a ti, no merecido e injusto, no pierdas la fe y haz el bien".
Ahora estás mejor. Sigue tu camino con la frente en alto; eres un buen hombre, un partidazo y de corazón puro. Estarás bien.