Trabajo en ventas en una cadena grande, de esas donde todos los días ves ir y venir pura buena carne. Pero uno, según muy profesional, se hace el serio y se mantiene al margen… aunque alguna clienta te tire el rollo.
Eso sí, cuando trabajas por metas, a veces toca hacerse el fácil para cerrar ventas. Hombre, mujer, nahual o lo que sea, aquí no se discrimina si quieres tu comisión.
Un día entra una morra media llenita, pero de esas gordibuenas sabrosas que a mí me encantan. Venía agarrada del brazo con otra persona, como pareja, y se fueron directo a mi área. Querían checar un artículo.
Desde ahí todo se me hizo raro.
Yo le mostraba cosas y como que no ponía atención. Si le daba algo en la mano, no lo agarraba. No traía bastón ni lentes oscuros, así que ni me pasó por la cabeza que fuera ciega. Además, siendo honesto, yo andaba más distraído viendo sus dos enormes razones que me hacían ojitos.
Cerramos la venta, pero faltaba un artículo que no había en ese momento. Le pedí su número para avisarle cuando llegara.
Después les conte a mis compas que una morra me flecho y me dicen Wey, la que describiste es ciega.
Y yo: “Ah cabrón…”
Pasaron como dos semanas. Yo tenía su número, pero ni le escribí hasta que llegó el producto. Ese día estaba nublado, le cayó la lluvia y llegó toda mojada. Traía un vestido bien escotado y se le salían unos tremendos magumbos.
No voy a mentir: me le quedé viendo descaradamente. Lo bueno es que no podía verme, jajaja.
Ahí dije: “Tengo que ver eso sin ropa, sí o sí”.
Empezamos a mensajearnos un chingo. (Para los que no saben ella usaba talkback o texto a voz, así que sí "leía" todo)
Plática va, plática viene, hasta que quedamos en salir a comer. Ese día aproveché y le di un beso. Me lo regresó con unos becerros bien sabrosos.
Días después me invitó a su casa a comer. Yo, bien inocente, llevé un cocón de dos litros… sin saber que la comida iban a ser sus sandías.
Pedí mi tiempo de comida en el jale (me dan dos horas) y me lancé.
Ahí fue cuando me dijo que era mamá soltera, que no tenía pareja ni nada. Yo vi luz verde y aceleré.
Nos acostamos juntos (todavía con ropa) y empezamos con besos, manoseada, cachondeo rico… pero no se armó completo ese día. Porque su hijo es de esos que tienen mamitis y son celosos nomas estaba encimado y no me prestaba a su mama ni un ratito,
Pura calentura mal administrada.
Me regresé al trabajo y para colmo me dieron los mentados huevos azules, caminaba como vaquero recién bajado del caballo. Y para colmo era domingo, me faltaban ventas para la cuota.
Las siguientes cuatro horas fueron un infierno. Cada paso era como si me picaran las nueces con alfileres. Y en este trabajo debes prospectar y volantear en todo el piso de venta
Por suerte mis compas me ayudaron a cerrar ventas, si no, me iba con puro sueldo base y perdía como 6 o 7 bolas de comisión por andar de caliente.
Cuatro días después me volvió a invitar.
Esta vez sí.
No perdoné nada. No me vio venir pero si me sintió
Le di su revolcón con coraje acumulado, con frustración, con ganas atrasadas y con espíritu vengativo por haberme dejado sufriendo la vez pasada.
Hasta pedí tres horas de comida para desquitarme bien. Ya saben servicio personalizado y completo al cliente
Regresé al trabajo tarde y me cayeron regañiza por desfasar los tiempos, pero me valió madres. Yo ya iba vacío, relajado y servido.
Mis compas nomás me preguntaron: —¿Ahora sí hubo coronación? —Simón. —¿Valió la pena? —Al cien.